martes, 20 de mayo de 2014

II TALLER LITERARIO INTERCULTURAL EN BLUEFIELDS.

 

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Los días 5 y 6 de mayo del 2014 se realizó en la Universidad URACCAN, Recinto Bluefields, el II Taller Literario Intercultural en memoria del Maestro “Bismark Lee León” fallecido recientemente y quien fuera el vicerrector de URACCAN, Recinto “Las Minas”. 37 jóvenes estudiantes universitarios y del Colegio Moravo se dieron cita para compartir letras y poesía. Muchos de ellos se animaron a sacar sus primeros textos literarios y se comprometieron a continuar en esta maravillosa iniciativa de leer y escribir.

 

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Los talleres literarios interculturales forma parte del trabajo conjunto entre la universidad URACCAN y el Programa de Promoción de la Literatura Nicaragüense del Foro Nicaragüense de Cultura (PPLN-FNC) en el marco del convenio de cooperación y colaboración recíproca con el objetivo de promover el hábito de la lectura y la escritura entre todos los niños y jóvenes de la costa caribe nicaragüense.

 

Fernando Saavedra A.

 

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jueves, 17 de abril de 2014

SEMANA SANTA EN NICARAGUA

Este año hemos tenido los nicaragüenses un poco de todo. Cosas buenas, regulares y malas. Mala como son los sucesivos sismos de considerable magnitud que han puesto en vilo a toda la población, destrucción de viviendas y muerte de algunas personas. Se habla de amenazas de erupción volcánica. Mala por que afecta la economía del país al no poder los nicaragüenses realizar sus actividades en paz. Mala por qué ha aumentado la carestía de la vida y la escasez de productos se comienza a sentir. Mala por que ha aumentado la inseguridad ciudadana robos violentos seguidos de lesiones y muertes. !Qué mal! Regular por que podríamos estar mejor si los sucesivos gobiernos desde el tiempo de Somoza hubieran tomado las medidas necesarias para preparar al pueblo para esta situación que se sabía íbamos a llegar. Y bueno por que mal que bien este pueblo es indómito, rebelde y busca como "disfrutar" de sus vacaciones de forma "terremoteada" la gente devota va a misa y los borrachos a las cantinas. Muchos se quedan durmiendo en las afueras de su casa (los pobres por supuesto) y otros duermen en sus cómodas camas con la idea clara de que su status de ricos o clase media bien pueden permitirse la licencia de desafiar la naturaleza. Así está la Semana Santa en Nicaragua en este año 2014. Ojalá Dios nos proteja y perdone la arrogancia y soberbia.


Fernando Saavedra A.

domingo, 18 de agosto de 2013

LA NOCHE COMPLICE

Ciertamente, la noche te trata como te le presentas. Si lo haces con miedo te inundará de penumbras; si lo haces en secreto te protegerán sus sombras; si lo haces en calma, te llenará de paz hasta el infinito; si lo haces con amor; te dará el doble y hasta hijos. La noche cómplice.

 

Fernando Saavedra A.

Poemario inédito “Nace la noche”

Bilwi, Puerto Cabezas

lunes, 1 de julio de 2013

¿Soy una hormiga en la vía?



¿Soy una hormiga en la vía?

Ernesto Kahan © Julio 1, 2013



La tarde amaneció oscura

cuando le dije a mi perro

-no se asuste de la luna

ni se me escape del lucero.



Y ahí se quedó tranquilo,

con confianza en su guarida

en las manos de su amigo

y en la simpleza de la vida.



Y después de caminar

y a la vuelta de la esquina,

miré al camino y le dije

-¿Soy una hormiga en la vía?

jueves, 13 de junio de 2013

A PROPÓSITO DEL DÍA DEL ESCRITOR

Hoy se celebra el Día del Escritor en varios países latinoamericanos en homenaje al gran escritor Leopoldo Lugones (Argentina); en Nicaragua se celebra el 18 de enero; en conmemoración del natalicio de Ruben Darío. Poeta universal.

A propósito de esta efeméride así veo yo las cosas:

EL PRESUMIDO ESCRITOR. Este no cuenta para la celebración. Habla mucho; presume mucho; va a todos los recitales, presentaciones de libros; crítica mucho y no escribe nada. 






Al igual que el anterior; habla mucho y escribe poco; presume mucho y produce poco. Lo podemos catalogar como escritor "vergonzoso".




Finalmente, el verdadero escritor; o sea, el escribano. El que habla mucho o poco pero escribe con vocación de oficio. Felicidades a todos los escritores.






jueves, 6 de junio de 2013

LA ESPERANZA ES COLOR NARANJA - CUENTO DE R.E. TOLEDO.


                            R.E. Toledo. Profesora de Español. Universidad de Tennessee.

"La esperanza es color naranja" es un cuento conmovedor; de lenguaje sencillo y profundamente humano. Nos presenta la historia de un amor alimentado secuencialmente y a través de un simple acto de compraventa en la que el roce de manos es su manifestación más evidente. 

Fernando Saavedra A.


Don Simón extendió la mano para dar el cambio a su clienta. Inclinó la cabeza para saborear el momento. –Muchas gracias marchantita. Que tenga buena semana. La piel de la mano que le recibía el cambio ya no era suave. La cara de la mujer estaba llena de arrugas ahora pero para él la belleza que lo había enamorado desde hacía más de 25 años seguía latente. A Don Simón no le importaban los años que habían pasado. Ella, por todos estos años, seguía viniendo al puesto cada lunes a comprar sus naranjas y él seguía apartando cada semana las mejores naranjas para ella. Ahora que no podía ver, había aprendido a percibir todos los detalles: la consistencia del fruto, su suave olor, su piel uniforme. Apenas sus yemas percibían la perfección del fruto don Simón lo apartaba para ella. Siempre se hablaron de usted y aunque hoy en día se olvidaban uno del otro durante la semana, cada lunes él apartaba la fruta y ella se ponía el mismo perfume tenue que usaba hacía años, antes de salir al tianguis. Les seguía latiendo el corazón al llegar el momento del encuentro. 

Don Simón sabía el nombre de ella y lo repetía mentalmente cada vez que ella se acercaba al puesto –Doña Carmen, pero no se atrevía a decirlo en voz alta, nunca. Ella era una mujer de sociedad. El era un simple veracruzano, que había pasado la primera parte de su vida cultivando naranja y la segunda vendiéndola en la capital. No era inculto, no era pobre, pero continuamente le llamaban indio o naco, desde que llegó a residir a la capital. Al principio esto le había molestado, e incluso se había metido en pleitos durante su juventud, pero ahora ya no le importaban esas cosas.  Al sentir la mano de Doña Carmen rozar con la suya se trasladó a aquel lugar—años atrás—al que llegaba cada lunes. 

La había esperado todo el día y no llegó. Como ya caía la noche, empezó a recoger el puesto y tardó más de la cuenta, a cada momento levantando la cabeza para ver si venía –Estúpido que soy. No va a venir. Seguro se olvidó. Seguro ya compró las naranjas en otro puesto. Seguro se cambió de casa. Estúpido Simón, porque te preocupas por eso—pensaba. Pero su corazón se sobresaltaba al escuchar pasos aproximarse. Al empezar a echar viajes al camión con la mercancía que le había sobrado, y luego con los fierros del puesto, y con las lonas, miraba por las calles contiguas, la buscaba. Su corazón latió a mil al verla parada muy cerca de la pared, en la esquina, a la vuelta de la farmacia. Su mirada se quedó fija, para distinguir si era ella. Se turbó de inmediato al confirmar que sí era. Tan bella, su pelo negro cayéndole en los hombros, sus manos buscando algo dentro del bolso. Su cara… su cara llena de lágrimas, y golpes? ¿Qué había pasado? ¿Quién le había hecho eso? ¿Por qué a ella? ¿Por qué no había estado allí él para defenderla? Mil preguntas pasaban por su cabeza en lo que decidía si acercarse, o no. 

Ella no lo conocía, ¿cómo tomaría su llegada? En ese momento vio a un hombre alto, corpulento, salir de la farmacia, agarrarla del brazo, zarandearla y ella echar a correr, llegar a la esquina, estirar la mano y entrar en un taxi. Subió al camión de redilas, lo echó a andar, la siguió, dejando parte de su puesto a medio recoger. Mientras conducía se preguntaba por qué lo hacía –sabía que no era nada de ella, sabía que probablemente ella no supiera siquiera de su existencia. Solo unas cuadras más adelante, el taxi paró repentinamente y ella salió abruptamente. Alcanzó a escuchar al hombre del taxi gritar algo y lo vio arrancar, dejándola parada a media calle. Estaban en la esquina de Félix Cuevas y Patricio Sanz. Paró el camión y bajó, a pesar de los claxonazos y las mentadas de madre. —¿Qué pasó señora? ¿Está bien?—Ella levantó la cabeza y lo miró con los ojos llenos de lágrimas. Lo reconocía, claro, gracias a Dios. Se le tiró a los brazos y lloró. Él esperó a que se calmara—¿A dónde va? ¿La llevo señora?

—Llámame Carmen—dijo ella.

—¿A dónde vas Carmen? Yo te llevo—la condujo del brazo, hasta el camión. Don Simón se estacionó–Me llamo Simón.

En el camión le contó que su marido no quería que ella tuviera al bebé que esperaba y que no tenía a dónde ir, o a quién recurrir. Le dijo que quería tener a su bebito, que ella no quería un aborto, pero él se empeñaba en que no estaban preparados para tener un bebé. Él toco su vientre y le besó la cara. Ella lloraba callada. El dulce perfume de su piel le alegraba el alma.

Le hubiera gustado decirle que él la ayudaría. Le hubiera gustado decirle que la llevaría a casa, que la cuidaría, que sería el padre de ese hijo que ella llevaba en su vientre, pero él tenía una esposa, hijos que cuidar y no podía hacer eso, por mucho  que la hubiera querido durante tanto tiempo ya. Hablaron y hablaron más, de igual a igual. Le compró un agua y se la tomaron en el camión y las horas pasaron. —

Debes ser valiente Carmen. Debes tener tu hijo si tú lo quieres tener. Ningún hombre te puede forzar a no tenerlo. Ni siquiera tu marido. Después de largas horas, al llegar el amanecer, ella le pidió que la llevara a la casa de sus padres. 

—No me verás por un tiempo Simón, porque voy a hacerte caso. Seré valiente. Tendré a mi hijo. 

Gracias por todo. Gracias por ayudarme. —Al bajarse del coche, él le dio una bolsa con tres kilos de naranjas. Ella le besó los labios y después los ojos. Nunca nadie lo había hecho—besarle los ojos. Oyó cerrarse la puerta del camión. Él mantuvo los ojos cerrados mientras ella se alejaba, y al abrirlos…


No vio nada. Hacía mucho que no veía, pero no era necesario–Muchas gracias marchantita. Que tenga buena semana—Puso el cambio en su mano, y ella le dijo—Gracias a usted Don Simón. Que tenga buena semana también.


R.E. Toledo.

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miércoles, 20 de marzo de 2013

El niño pequeño - Helen E. Buckley


Una vez un niño pequeño fue a la escuela. Era bastante pequeño y era una escuela bastante grande. Pero cuando el niño pequeño descubrió que podía entrar a su salón desde la puerta que daba al exterior, estuvo feliz y la escuela ya no parecía tan grande.

Una mañana, luego de haber estado un tiempo en la escuela, la maestra dijo: 

“Hoy vamos a hacer un dibujo”. ¡Qué bueno!, pensó el pequeño. 

Le gustaba hacer dibujos. Podía hacerlos de todas clases: leones y tiburones, pollos y vacas, trenes y barcos; y sacó su caja de crayones y empezó a dibujar.

Pero la maestra dijo: ¡Esperen!, aún no es tiempo de empezar y esperó a que todos estuvieran listos. Ahora, dijo la maestra, vamos a dibujar flores. ¡Qué bien!, pensó el pequeño, le gustaba hacer flores y empezó a hacer unas flores muy bellas con sus crayones rosados, naranjas y azules.

Pero la maestra dijo: ¡Esperen!, yo les enseñaré cómo. Y era roja, con el tallo verde. Ahora, dijo la maestra, ya pueden empezar. El pequeño miró la flor que había hecho la maestra, luego vio la que él había pintado, le gustaba más la suya, mas no lo dijo. Sólo volteó la hoja e hizo una flor como la de la maestra. Era roja, con tallo verde.

Otro día, cuando el pequeño había abierto la puerta desde afuera, la maestra le dijo: “hoy vamos a hacer algo con arcilla”. ¡Qué bien!, pensó el pequeño, le gustaba la arcilla. Podía hacer toda clase de cosas con la arcilla: empezó a estirar y revolver su bola de arcilla.

Pero la maestra dijo: ¡Esperen, aún no es tiempo de empezar! Y esperó a que todos estuvieran listos. Ahora, dijo la maestra, vamos a hacer un plato. ¡Qué bien!, pensó el pequeño. Le gustaba hacer platos y empezó a hacer algunos de todas formas y tamaños. 

Entonces la maestra dijo, ¡Esperen!, yo les enseñaré cómo. Y les enseñó cómo hacer un solo plato hondo. Ahora, dijo, ya pueden empezar.

Y muy pronto, el pequeño aprendió a esperar y a ver y a hacer cosas iguales, y muy pronto no hacía cosas de él solo. 

Luego sucedió que el niño y su familia se mudaron a otra ciudad y el pequeño tuvo que ir a otra escuela. Esta escuela era más grande que la otra y no había puerta del exterior hacia el salón. Tenía que subir grandes escalones y caminar un corredor grande para llegar a su salón.

Y el primer día que estuvo allí, la maestra dijo: “Hoy vamos a hacer un dibujo”. ¡Qué bien!, pensó el pequeño y esperó a que la maestra le dijera qué hacer. 

Pero la maestra no dijo nada, solo caminaba por el salón. 

Cuando llegó con el niño, le dijo: “¿No quieres hacer un dibujo?”, “Sí”, contestó el niño, “¿Qué vamos a hacer?”. 

No sé hasta que lo hagas, dijo la maestra. 

“¿Cómo lo hago?”, preguntó el niño. “Como quieras”, dijo la maestra. “¿Cualquier color?”, preguntó el niño. “Cualquier color”, dijo la maestra. 

“Si todos usaran los mismos colores, ¿cómo sabría yo quién hizo qué y cuál era cuál?”. 

“No sé”, contestó el niño y empezó a hacer una flor roja con un tallo verde.

¿Qué es la poesía para mí? Elena Liliana Popescu




Cuando era niña, contemplaba con atención las cosas que pasaban ante mis ojos en el mundo que se perfilaba a mi alrededor. Más tarde, el mundo interior también abría sus puertas invitándome a conocerlo; un mundo no menos fascinante que el exterior y que reflejaba todas las reacciones a lo que afuera parecía ser nuevo y construía, paso a paso, lo que había de ser para mí la vía del conocimiento; conocimiento cuyo objeto solo era muy vagamente percibido al principio y cuyo sujeto era "yo", sin que, por aquel entonces, me preocupase quién ni qué significaba ese "yo".

Nuevas y nuevas preguntas seguidas de respuestas tendrían que ser sustituidas por otras respuestas y otras preguntas, algunas de las cuales parecían no tener respuesta... El misterio se presentaba siempre con otras facetas, nuevas experiencias mejoraban la calidad de su búsqueda pero ellas resultaban ser, todas las veces, insuficientes para descifrarlo.

Paulatinamente, comencé a expresar por escrito reacciones, emociones e impresiones provocadas por mis encuentros con los insospechados aspectos de lo desconocido, cuando estos parecían tocar mi ser en cierto sentido y con intensidad... Sentía la necesidad de compartirlas por medios distintos a la palabra ya que mi ser interior no encontraba, al menos al principio, otra vía de comunicación más adecuada.

La mayor parte de las veces, no me dirigía a nadie en concreto, quizá a todos, quizá a mí misma, sin que por entonces ello me preocupara porque, al contrario, la sensación de aquel rebosadero se habría vuelto una carga demasiado pesada para lo que estaba empezando a intuir que era mi alma. La forma de expresar mis sentimientos en tales situaciones se acercaba a lo que podríamos llamar poesía, en una acepción quizá generosa y, en cualquier caso, al estimulo, y, en este sentido, podría afirmar que los primeros intentos literarios que revestían la forma de poesía se perfilaron ya a la edad de diecisiete años.

En aquella época, por muchas razones, objetivas o no, no se planteó la cuestión de publicarlos. Una de esas razones era la preocupación asidua por descifrar los misterios de las matemáticas, lo cual se concretó en la elección de la que, más tarde, sería mi profesión. Las matemáticas, apodadas la reina de las ciencias, es una disciplina severa por sus reglas precisas y aparentemente obligatorias, pero que deja siempre plena libertad a quien está decidido a hacer frente a sus peligros para descubrir la pureza, la hermosura y la eterna incógnita.

La atracción por las matemáticas y el estudio en esta dirección no mermaron, en modo alguno, mi pasión por la poesía sino todo lo contrario, me permitieron descubrir nuevos puentes por los que el lenguaje matemático y el poético pueden acercarse y compenetrarse para llegar, "en el infinito", a identificarse. Qué significa este infinito y cómo puede alcanzarse desde el punto de vista común de ambos es un misterio que está por resolver, tal vez el último.

Cierto es que he seguido escribiendo y traduciendo algunos libros para que estos fuesen más accesibles a los lectores rumanos, y algunas traducciones circulaban desde hacía tiempo en un marco más restringido o incluso más amplio. Otros libros consiguieron ver la luz de la imprenta solo a partir de 1990 pues los temas tratados eran rechazados en la época anterior, una época que hoy ya tenemos por superada aunque algunas de las mentalidades que nos marcaron profundamente a muchos de nosotros no hayan desaparecido del todo. También a partir de 1990 me impliqué en cierta medida en la vida social, cívica y política de Rumania publicando en la prensa de la capital varias decenas de artículos referentes a diversos aspectos de interés general y de actualidad.

Los versos que he escrito son directos y sencillos. Nacieron en mi corazón y el intelecto los modeló luego, con sus imperfecciones y desmaña, para expresar las sensaciones, los sentimientos y también la fuerza de la emoción auténtica, que no puede expresarse del todo a través de la palabra.

Las poesías vinieron solas, podría decir que una detrás de otra, como una necesidad, sin buscarlas ni construirlas, sin perseguir una finalidad determinada, sin la intención de impresionar ni de provocar nada ni a nadie, aunque el intento del lector de descifrar el mensaje auténtico de los poemas podría constituir, en cierto sentido, una provocación, así como con la recepción de ese mensaje el lector podría tener una sensación parecida a una conmoción.

Solo me decidí a publicar cuando, en una exposición, el pintor, un alemán de origen rumano llamado Eugen Branescu, recién regresado al país en 1992, expuso junto a sus cuadros algunos de mis poemas, acompañados de ilustraciones gráficas para realizar un efecto especial en el marco de la exposición a la que dio un ambiente especial mediante la música en armonía con la pintura y la poesía. Los visitantes, amantes del arte, quedaron impresionados por el estilo directo y la sinceridad de los poemas y se interesaron por la forma de adquirirlos.

Así nació la idea de publicar un primer volumen que abarcase una parte de los poemas escritos hasta entonces y se materializaba el hecho de que, una vez escritos, esos poemas ya no me pertenecían y había que dárselos a quienes por derecho correspondía.

Este parece haber sido el principio, suponiendo que exista realmente un principio...


Traducción del rumano por Joaquín Garrigós

Elena Liliana Popescu
                                                                                                                             Poeta Rumana.

viernes, 18 de enero de 2013

ABNER MORALES COLEMAN. PINTOR MISKITO




Abner Morales Coleman. 24 años. Miskito. Nacido en Bilwi, el 15 de junio de 1988. Sus padres: Abner Morales Gradiz y Natalia Coleman Fedrick. Bachiller. Estudiante de Administración de Empresas en la Universidad URACCAN Bilwi. Se dedica al oficio de pintor desde el año 2009.

Trabajos artísticos: 

Pintor intercultural. Trabaja óleo sobre tela; acrílico; tiza pastel; carboncillo sobre papel.


Ha expuesto en Casa de Hermanamiento en Puerto Cabezas. Ha participado en el Concurso de Pintura en el año 2011 organizado por la Secretaría de Cultura del Gobierno Regional de la RAAN ganando el Primer Lugar. 

El joven Abner Morales Coleman es miembro del Foro Nicaragüense de Cultura en Bilwi, Puerto Cabezas desde este año 2013.











AUTORRETRATO. (2012).- Técnica carboncillo sobre papel.









Mujer garífuna con caja. (abril 2011).- Técnica: Acrílica sobre papel.







Mirada de una niña miskita. (agosto 2011).- Técnica: Pastel sobre papel.






Niño Adin. (10-02-2012).- Técnica: témpera sobre papel.






Liwa Mairin. (2013).- Técnica: carboncillo sobre papel.






Tristeza (Mujer afrodescendiente llorando). (4-7-2011).- Técnica: Crayón y lápiz de colores sobre papel.

jueves, 17 de enero de 2013

JARDIN EN EL TECHO




Sobre la árida teja de barro nace la vida humedecida por las brumas frescas de las montañas de Jinotega, mi cuna. Buscan el sol, la libertad del aire para danzar al compás de los recuerdos. Espigadas, esbeltas, altaneras, coronan sus cabezas con el color de la vida. Qué más pueden pedir ellas…, sino vivir, solo vivir como Jardín en el techo, antes de caer heridas por el tiempo en ese techo de barro moldeado por un artesano del campo, en ese techo venido de la tierra donde venimos, a donde todos vamos, nuestra Casa


AAA (Arnulfo Agüero.- Nicaragua)