sábado, 1 de mayo de 2010

ETICA DEL EDUCADOR

(Presa Hidroeléctrica. HEMCO. Bonanza. Nicaragua. Abril 2010. Alumnos. URACCAN. II Año. Sociología. Economía Política.)


Se ha afirmado siempre que el educador nace y se hace siempre con vocación de servicio.

Nuestra labor de maestro no es para acumular riquezas materiales; no es para hacerse millonario; tampoco es una alternativa cualquiera para superar el estado de desempleo como pudiera ser un despachador en una tienda o un trabajo de oficina. No.

El ser maestro es una vocación de toda la vida; dentro o fuera de las aulas de clases; es la permanente disposición de apoyar a nuestros alumnos o ex-alumnos sin esperar dádiva o recompensa; crecemos llenos de satisfacción cuando ellos crecen y nos superan.

No se puede inculcar valores en los alumnos si el maestro no los tiene o no los practica, lo que viene siendo lo mismo: valores como la honestidad, el compromiso, solidaridad, la cooperación, la justicia, la equidad, el respeto y promoción de los derechos humanos de las personas y de las colectividades; asumir un rol de facilitador y no de protagonismo soberbio y jactancioso.

Asumir que la clase es una unidad educativa viva, cambiante en la que los principales actores son los alumnos y los maestros en relaciones horizontales de cooperación y comunicación recíproca. No se puede hacer clase si alguno de ellos faltare; simplemente no hay.

Los educadores o maestros debemos convertirnos en promotores de valores y principios en la sociedad en que vivimos predicando con el ejemplo personal; actuando con sentido ético; prestando su servicio razonablemente bien; con eficiencia y espíritu de servicio; no solo por que eso es lo que quieren y esperan los administrados, o sea, el pueblo en general si no por que responde a un valor supremo y esencial que le es inherente a su condición de educador; su vocación de servicio en el campo educativo.

El verdadero educador es maestro o educador siempre: en la comunidad, en la escuela, en su casa, en la calle en cualquier lugar donde vaya.

Su máxima realización personal es verse reconocido en sus alumnos en ese parte del alumno que es de él y ahora es del alumno; por eso, de alguna manera, todos somos una suma de información, de conocimientos y de valores de nuestros alumnos y de nuestros maestros y todos juntos formamos eso que llamamos una comunidad educativa universal, humanista.

Fernando Saavedra A.

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