jueves, 5 de julio de 2012

ADIOS AMOR


Ser ciego puede ser a veces algo divertido. Me llamo Juan, ciego de nacimiento.

Era pasada la medianoche, lo se, por que los gallos en mi pueblo, trasnochan igual que nosotros, los lugareños.

Me había lanzado mis buenos "bujillazos" y caminaba por la única calle adoquinada que da al parque.

Oí pasos delante de mí y aminoré mi errática marcha.

"Tacones de mujer":__ sí me saqué la lotería.__ Allí va una chica buscando compañia.

Comencé a enamorarla. "Adios amor" ¿te acompaño?__ siguieron los pasos por un buen trecho, sin prisa... 

¡ Vamos ! ¡No seas tímida!

Así caminé detrás de esos pasos, varias cuadras; a veces se detenia y luego reanudaba la marcha y yo, detrás de esos pasos, de esos tacones:

Oye amor ¿Para donde vas? ¿Por qué no me hablas?

Reconozco que me llevaba azorado. Se me está poniendo dificil la muy pendejita.

Un poco antes de llegar al parque se detuvo y tropecé con ella. Perdon, me llamo Juan.

Y en ese momento, supe que no era ella ni sus pasos ni sus tacones. Su cola se restregó en mi cara: "Jueputa" un caballo.

Ja...ja...ja... cierto soy ciego, pero sentí que todo el mundo se reía de mi.

¡Qué caballo! __ Necesito otro trago.

Seguí caminando. Estaba a unas pocas cuadras de mi casa y oí nuevamente pasos delante de mí.

No quise equivocarme dos veces.

¡Oye! ¡Oye!

¿Sos un caballo o una mujer?

Perdon, ya entendí...

Con semejante bofetada hasta un ciego entiende.



Fernando Saavedra A.
Agosto 1, 2011.
00:13 a.m.

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