miércoles, 20 de marzo de 2013

¿Qué es la poesía para mí? Elena Liliana Popescu




Cuando era niña, contemplaba con atención las cosas que pasaban ante mis ojos en el mundo que se perfilaba a mi alrededor. Más tarde, el mundo interior también abría sus puertas invitándome a conocerlo; un mundo no menos fascinante que el exterior y que reflejaba todas las reacciones a lo que afuera parecía ser nuevo y construía, paso a paso, lo que había de ser para mí la vía del conocimiento; conocimiento cuyo objeto solo era muy vagamente percibido al principio y cuyo sujeto era "yo", sin que, por aquel entonces, me preocupase quién ni qué significaba ese "yo".

Nuevas y nuevas preguntas seguidas de respuestas tendrían que ser sustituidas por otras respuestas y otras preguntas, algunas de las cuales parecían no tener respuesta... El misterio se presentaba siempre con otras facetas, nuevas experiencias mejoraban la calidad de su búsqueda pero ellas resultaban ser, todas las veces, insuficientes para descifrarlo.

Paulatinamente, comencé a expresar por escrito reacciones, emociones e impresiones provocadas por mis encuentros con los insospechados aspectos de lo desconocido, cuando estos parecían tocar mi ser en cierto sentido y con intensidad... Sentía la necesidad de compartirlas por medios distintos a la palabra ya que mi ser interior no encontraba, al menos al principio, otra vía de comunicación más adecuada.

La mayor parte de las veces, no me dirigía a nadie en concreto, quizá a todos, quizá a mí misma, sin que por entonces ello me preocupara porque, al contrario, la sensación de aquel rebosadero se habría vuelto una carga demasiado pesada para lo que estaba empezando a intuir que era mi alma. La forma de expresar mis sentimientos en tales situaciones se acercaba a lo que podríamos llamar poesía, en una acepción quizá generosa y, en cualquier caso, al estimulo, y, en este sentido, podría afirmar que los primeros intentos literarios que revestían la forma de poesía se perfilaron ya a la edad de diecisiete años.

En aquella época, por muchas razones, objetivas o no, no se planteó la cuestión de publicarlos. Una de esas razones era la preocupación asidua por descifrar los misterios de las matemáticas, lo cual se concretó en la elección de la que, más tarde, sería mi profesión. Las matemáticas, apodadas la reina de las ciencias, es una disciplina severa por sus reglas precisas y aparentemente obligatorias, pero que deja siempre plena libertad a quien está decidido a hacer frente a sus peligros para descubrir la pureza, la hermosura y la eterna incógnita.

La atracción por las matemáticas y el estudio en esta dirección no mermaron, en modo alguno, mi pasión por la poesía sino todo lo contrario, me permitieron descubrir nuevos puentes por los que el lenguaje matemático y el poético pueden acercarse y compenetrarse para llegar, "en el infinito", a identificarse. Qué significa este infinito y cómo puede alcanzarse desde el punto de vista común de ambos es un misterio que está por resolver, tal vez el último.

Cierto es que he seguido escribiendo y traduciendo algunos libros para que estos fuesen más accesibles a los lectores rumanos, y algunas traducciones circulaban desde hacía tiempo en un marco más restringido o incluso más amplio. Otros libros consiguieron ver la luz de la imprenta solo a partir de 1990 pues los temas tratados eran rechazados en la época anterior, una época que hoy ya tenemos por superada aunque algunas de las mentalidades que nos marcaron profundamente a muchos de nosotros no hayan desaparecido del todo. También a partir de 1990 me impliqué en cierta medida en la vida social, cívica y política de Rumania publicando en la prensa de la capital varias decenas de artículos referentes a diversos aspectos de interés general y de actualidad.

Los versos que he escrito son directos y sencillos. Nacieron en mi corazón y el intelecto los modeló luego, con sus imperfecciones y desmaña, para expresar las sensaciones, los sentimientos y también la fuerza de la emoción auténtica, que no puede expresarse del todo a través de la palabra.

Las poesías vinieron solas, podría decir que una detrás de otra, como una necesidad, sin buscarlas ni construirlas, sin perseguir una finalidad determinada, sin la intención de impresionar ni de provocar nada ni a nadie, aunque el intento del lector de descifrar el mensaje auténtico de los poemas podría constituir, en cierto sentido, una provocación, así como con la recepción de ese mensaje el lector podría tener una sensación parecida a una conmoción.

Solo me decidí a publicar cuando, en una exposición, el pintor, un alemán de origen rumano llamado Eugen Branescu, recién regresado al país en 1992, expuso junto a sus cuadros algunos de mis poemas, acompañados de ilustraciones gráficas para realizar un efecto especial en el marco de la exposición a la que dio un ambiente especial mediante la música en armonía con la pintura y la poesía. Los visitantes, amantes del arte, quedaron impresionados por el estilo directo y la sinceridad de los poemas y se interesaron por la forma de adquirirlos.

Así nació la idea de publicar un primer volumen que abarcase una parte de los poemas escritos hasta entonces y se materializaba el hecho de que, una vez escritos, esos poemas ya no me pertenecían y había que dárselos a quienes por derecho correspondía.

Este parece haber sido el principio, suponiendo que exista realmente un principio...


Traducción del rumano por Joaquín Garrigós

Elena Liliana Popescu
                                                                                                                             Poeta Rumana.
Publicar un comentario